JOHN MAIN Silencio y Quietud para cada día del año 27/04/2022

Extracto de “Dearest Friends”, Una carta de Laurence Freeman OSB, Newsletter de la Meditación Cristiana, Vol. 35, Nº 1, Abril de 2011.

“De modo que ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer; porque todos vosotros sois una persona en Cristo Jesús” (Gal 3,28). Esta reflexión tan característicamente paulina pone lo social y lo místico en el mismo plano. Como el mismo Jesús hace, Pablo socaba todas las estructuras de poder por medio de las cuales las diferencias entre la gente son llevadas a un nivel absoluto -las castas, clases, sistemas religiosos, económicos o culturales en los que vivimos localmente-. Confronta los ambientes locales seguros con la vista inquietante y abrumadora de lo global, donde los horizontes se diluyen. Conforme van cayendo, emerge lo universal siempre más como una forma de percepción que como un objeto en sí.

Conocer a Cristo resucitado, cósmico, es estar “en Cristo”, como ponen de manifiesto las historias de la resurrección. Él no puede ser considerado como un objeto o simplemente ser visto. Tan pronto como intentamos hacer esto, Él desaparece. Él necesita ser percibido y solo lo podemos ver desde el nivel de conciencia que la expresión “en Cristo” intenta describir. Es más fácil describir los efectos de esta experiencia que explicar cómo sucede. Así que Pablo, que conocía esta experiencia de primera mano y fue, según nos cuenta, transformado por ella, nos dice que “si alguien vive en Cristo, es una criatura nueva; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo” (2 Cor 5,17).

La resurrección nos lleva de regreso a este mundo de una nueva forma, con una visión y entendimiento renovados. La nueva creación es una forma de vivir en el mundo, liberados de las viejas compulsiones, de la adicción a la violencia como forma de resolver los conflictos y de los patrones repetidos de opresión y explotación que han culminado en la crisis actual.

El reto para un cristiano contemporáneo es que identificar nuestra crisis con el misterio cristiano no significa que el problema se resuelva con el bautismo de todos. El significado de misión ha cambiado para el cristiano moderno porque los caminos del mundo han cambiado, así como la dirección a la que se dirige. La identidad cristiana evoluciona -se enriquece y eleva- cuando exponemos nuestra fe en un verdadero encuentro con los problemas del mundo. Permanecer por encima de la lucha, juzgando desde una posición de superioridad, implica una mentalidad de fuerza, un fundamentalismo y exclusivismo que acaban destruyendo la fe porque erosionan la compasión. Sin embargo, creer en una nueva creación significa que podemos ayudar a transformar la crisis orientándonos hacia la esperanza y el cambio positivo en lugar de precipitarnos hacia la desesperación y la catástrofe.


Carla Cooper


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