Sabiduría Diaria 05.01.2020


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, FRANCIA) Cuando Moisés estaba tratando de que Dios le diera un nombre para poder etiquetar a Dios como uno de los otros muchos dioses de las deidades tribales, Dios dijo: Yo soy el que soy. (Ex 3:14). Ser, ser puro, presencia pura. Y entonces una vez que hemos abandonado todas las ideas de Dios, miremos lo que queda. Bueno, nos quedamos con la destilación final de toda la biblia, solamente tres palabras: Dios es amor. (1 Jn 4:8) Lo expresa muy bien San Juan: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros. (1 Jn 4:10). Dios nos ha amado primero. Ese es el primer paso en el que nos abrimos a eso. Porque casi nos decimos a nosotros mismos: «No puedo amar a Dios porque estoy en un estado muy dividido. Estoy tan controlado por esta adicción que no puedo amarme a mí mismo, no puedo amar a Dios, no puedo amar a nadie». Entonces, ¿cuál es el punto de recuperación, el punto de partida? Que Dios nos amó primero. Luego, a partir de ahí, volvemos a construir. (Grace at Work - The Healing Power of Meditation, Laurence Freeman OSB )


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