Sabiduría Diaria 04.01.2020


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, IRLANDA) Nuestra imagen de Dios, aunque desde hace 2.000 años se encuentra en una cultura que nos ha presentado esta enseñanza, se ha quedado en gran parte congelada en la imagen de un policía, o un juez, o un verdugo. Alguien que está desaprobando, alguien que nos castigará porque hemos hecho mal. Hay toda clase de razones para ello —en parte nuestra educación religiosa, en parte nuestro propio juicio de nosotros mismos. Somos nosotros los que juzgamos y culpamos, no Dios. El pecado contiene su propio castigo, pero Dios no castiga. Proyectamos nuestro propio síndrome de hermano mayor —el resentimiento y el odio a nosotros mismos — lo proyectamos a nuestra imagen de Dios y formamos una imagen de Dios a partir de ello. Creo que es una construcción psicológica. Si aceptamos esta comprensión de Dios que vemos en la historia del Hijo Pródigo, que Dios no está resentido, ni siquiera nos juzga, sino que es sólo amor puro, no diluido, un amor loco —quiero decir que es un amor apasionado que no se controla a sí mismo— así que si esta es nuestra imagen de Dios, así es como podemos estar abiertos a Dios. La meditación, entonces, se trata de encontrar a este Dios dentro de nosotros mismos. (Grace at Work - The Healing Power of Meditation, Laurence Freeman OSB )


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