Sabiduría Diaria 13.07.2019


(FOTO: LAURENCE FREEMAN), BONNEVAUX, FRANCIA)

Cuando meditamos nos ponemos entre paréntesis, no buscamos dominar. Lo hacemos por amor, con respeto a la otredad de los otros, amigos o no y ultimadamente con respeto a la otredad de Dios, en quien todo encuentra la reintegración y unidad que busca. Identidad no es una palabra adecuada para este nuevo estado de ser, sanados y transformados por el amor. Tal vez esto se ve mejor expresado por la autenticidad, siendo reales en toda dirección y camino. Cuando hacemos el trabajo de silencio, la película que obscurece nuestra vision se aclara y experimentamos que crece un cierto sentirnos bienvenidos y reconocidos en este nuevo lugar de la realidad. Si paramos el trabajo de la meditación por un rato, pero regresamos después de una semana o muchos años, sigue siendo igual: sentimos y describimos la sensación como de regreso a casa, a nosotros y a esas profundidades de nuestro ser en que nos perdemos y somos encontrados. Aun si sentimos que hemos fallado por dejar de hacer el trabajo interior de la meditación y el ego nos crea problemas de culpa o de necesidad de castigo, lo vemos en reversa – la aceptación y renovación de los discípulos a través de estar en la presencia de Jesús resucitado se vuelve nuestra. ‘No hay culpa’ como dice el I Ching. El perdón sin resentimiento y con restitución de la conexión, tal como lo describe la parábola del hijo pródigo.

( Meditatio Newsletter, October 2010, Laurence Freeman OSB )


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