Sabiduría Diaria 21.06.2019


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, EGIPTO)

Las cuevas se encuentran presentes en nuestra psiquis como símbolos de refugio y seguridad – nos protegen de bestias salvajes, mal tiempo, enemigos peligrosos. Pero también son lugares de revelación y transformación. Fue muchas veces en cuevas y a través de períodos largos de tiempo que los profetas y monjes permitieron que sus mentes fueran remodeladas y después aceptaran ese nuevo sentido de propósito y destino que recibieron. Es como si la mente fuera rehecha de esta manera de forma que discernimos el patrón divino que va surgiendo a través de la bruma de la ilusión y las mareas de la distracción. Conforme nuestros patrones mentales fijos se van disolviendo, la impronta de toda realidad aparece, la procesión divina del amor, del dar, recibir y devolver presente en todas las cosas, incluyendo nuestra respiración, nuestras relaciones y el mismo ciclo de la vida. En la cueva del corazón – nuestro cuarto interior, como lo llama Jesús al referirse a él como el verdadero lugar de oración – aprendemos que la realidad no es algo inmóvil sino un flujo de una calidad consciente. Esta corriente lleva la experiencia de la verdad de la que todos queremos beber, no una simple fórmula o creencia, sino la auto comunicación de una bondad esencial acompañada del éxtasis de una celebración de amor.

( Meditatio Newsletter, September 2014, Laurence Freeman OSB )


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