Sabiduría Diaria 27.02.2017


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, FRANCIA)

En los más profundos y claros momentos de percepción vemos como nuestra cantidad de preguntas tontas nos preocupan y nos hacen perder tiempo. ¿Cómo te llaman, qué haces, qué tan exitoso eres? El extraño sin nombre y nuestro amigo íntimo son iguales, uno y el mismo. Los aniversarios o las celebraciones no son conmemoraciones pidiéndonos pensar sobre el pasado sino maneras de ayudar a reconectarnos con lo que no puede y no debe perderse u olvidarse porque siempre está presente. Así que la visión de Dios en el pensamiento cristiano no es lo que se ha creído que es. (…) La visión de Dios, es primero que nada, según Aquino, una visión perfecta. Hasta que esta visión sea alcanzada, todo el conocimiento humano – dominado normalmente por los datos de la visión física y los conceptos de la visión mental – se ve limitada y frustrada por la inactividad del ojo del corazón. La visión de Dios, dice también, es alabanza perfecta. Es fácil alabar imperfectamente – por halagar, porque nos creemos obligados, por miedo a ser rechazados. La alabanza perfecta surge irresistiblemente de la experiencia de un don. La generosidad incondicional de otro hacia nosotros y la experiencia liberadora de la gratitud nos inunda, borrando todos los celos, envidias y sentimientos de indignidad. Esto nos lleva al siguiente elemento del objetivo de la existencia humana, la satisfacción plena del deseo.

(Christian Meditation Newsletter 2011/01, Laurence Freeman)


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