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Sabiduría Diaria 17.12.2016


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, AUSTRALIA) El ermitaño se mantiene ocupado - el ocio es una característica del estar aislado - pero su actividad es útil, productiva, produce gusto y está centrada en el otro. La soledad no es un estado pasajero de la mente que nos amenaza por su impermanencia como lo haría el sentirnos aislados, que nos puede pasar repentinamente. Estar en soledad es nuestra naturaleza real, nuestro yo verdadero. Conforme nos acercamos al centro, nuestro objetivo, nos vamos desplazando a una soledad cada vez más profunda, y nos sentimos más a gusto con la singularidad de nuestro punto móvil. A veces en las etapas tempranas de la meditación podemos tener una inspiración muy real de lo que es la soledad, nuestro centro, en quietud y en movimiento, y nos puede dar miedo pues es una visión muy diferente de lo que el ego vería de sí mismo. El desapego que se necesita para entrar a la soledad es grande y su precio nos puede detener. El camino que lleva a la vida es angosto y son pocos los que lo encuentran.

(Christian Meditation Newsletter, June 2010 Laurence Freeman OSB)


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