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06.12.2016


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, EEUU)

El maestro cristiano naturalmente buscará en Jesús el modelo para toda enseñanza. Se le llama maestro – rabbi, rabunni, maestro – más que cualquier otro título en los evangelios. Podría ser el ‘único maestro’ y decirnos que no debemos llamar ‘maestro’ a nadie, pero empodera a sus discípulos a enseñar con él y en su nombre. Jesús enseñó de muchas maneras, pero su ejemplo personal, el testimonio de su vida, es el cimiento fundamental de la autoridad de su palabra. Practicó lo que enseñaba. Como señor y maestro lavó los pies de sus discípulos mostrando que un maestro no es un tirano y tiene una identidad más profunda que lo que pudiera sugerir la relación jerárquica. En este nivel de identidad es un amigo y por tanto, esto define la relación con toda la comunidad cristiana. Como maestro y amigo entrega su vida por sus discípulos y amigos convirtiéndose en el modelo de todo servicio cristiano. Cualquier maestro sabe que siempre hay una donación del yo que se da en el trabajo diario de instrucción y disciplina. Es el mismo misterio de donación que practicamos en la oración. Enseñar es tocar los bordes del misterio de la oración como atención y auto donación.

(Teaching as a Christian Art and Ministry, Laurence Freeman OSB)


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