Cuarta Semana de Adviento

A unos pocos pasos del centro de retiros de RÍo de Janeiro hay un camino que te conduce a un pequeño Amazonas. Si lo recorres hasta el final – no temas, no estás nunca lejos del mundo familiar y el camino es hecho por el hombre – te encontrarás inmerso y bienvenido por parte del interminable zumbido y actividad de la vida. La ecología del bosque es una danza de tal complejidad y tan intrincada que no puede ser conceptualizada. Analizarla es perderla. Captarla como un todo requiere un cambio de foco.​

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Sus complejos inter-sistemas – insectos, pájaros, fauna, flores, árboles, parásitos y todas las otras formas de vida que tímidamente evitan a los bípedos como tú – giran en sus propios mundos de supervivencia y auto-reproducción, como incontables galaxias rotando sobre sí mismas. Algunas veces colisionan silenciosamente y el más fuerte prevalece. Pero nadie se queja. La destrucción es parte del sistema de la vida. Continuamente caen hojas, habiendo cumplido su propósito. Se establecen sobre el suelo para descomponerse y desaparecer olvidadas y convertirse en algo más. Todo el tiempo hay una vibración de ruido constante, el origen de la música, pero también formas de energía más allá de nuestros débiles sentidos humanos.

Mirando hacia abajo veo una impatiens walleriana, la pequeña flor de cinco pétalos en colores pastel que tengo en mi balcón en Londres y que llamamos “alegría del hogar”. Es un puente entre mundos pero aún eres el único ser humano en este universo paralelo particular. 
Sal fuera del bosque pasando la casa de retiro, verás jardines bien cuidados, parte de la ecología humana más domesticada. La foresta se vuelve jardín. Trabajadores de bajo salario, ahora en sus hogares en la favela, lo mantienen prolijo y ordenado para aquellos que tienen tiempo ocioso para disfrutar, pero que quizás también hayan perdido la calma necesaria para el ocio. Las flores tienen el aspecto de flores que son miradas, el origen de la cosmética.

¿Qué pasaría si desde dentro y más allá de estas grandes sinfonías sin arte de la naturaleza salvaje y la estética consciente de sí misma de la cultura humana hubiera de emerger otra vibración? Llega silenciosamente, disimulándose en las mismas formas de las que se viste. Es la fuente de ambos mundos incluyendo todos los mundos que aún han de surgir. En ellos, quizás el ser humano que hoy se mira a sí mismo sea desconocido. Es la palabra primera que saca a la existencia del ser y la devuelve al ser. Así como las hojas caen, también los universos expiran. Pero esta Palabra originaria es la base de todo tiempo y espacio.

La esperamos. Está viniendo. Está aquí. Sigue avanzando, completando su gran propósito con o sin nosotros. Pero se ha completado tan gloriosamente, tan conmovedoramente humano como un recién nacido. Completamente débil para poder revelarse como el poder de la vida a aquellos que lo reconocen y no están demasiado ocupados como para escucharlo durante el breve lapso de sus días. Es por lo que un buen Adviento hace una Feliz Navidad – todo el año.

 

Una muy feliz Navidad y pacífico año nuevo para todos nosotros.

 

Laurence Freeman OSB

Traducción: Carina Conte

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