Sabiduría Diaria 23.03.2018


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, INGLATERRA)

Más allá de la relación – en el corazón silencioso de toda relación, donde las paredes que nos dividen se desintegran – Cuando estamos en una relación siempre estamos viendo al otro separado. La mirada, la distancia que implica esta objetivación del otro, crean el sufrimiento inherente en toda relación. Es el sufrimiento que provoca el conflicto que surge del deseo del ego de poseer y controlar. Es también el sufrimiento de la eventual e inevitable pérdida de quien amamos. Sin embargo, en la unión, no puede haber posesión, pues el deseo mismo ha sido trascendido. Los límites egoístas se disuelven. La singularidad abraza a la singularidad y encuentra su personalidad en la alteridad, lo igual en lo diferente. Miedo y deseo, dominio y sumisión se terminan. Lo que se gana es mucho más de lo que nuestro deseo haya podido fantasear. Cuando las relaciones humanas, sólo a veces y por poco tiempo, tocan este grado de plenitud, se pueden llamar verdadera amistad espiritual. Complementan su destino y potencial compartiéndolo a través del Espíritu en la comunidad divina del amor. En esta unión, la otredad se comparte, nos introducimos en ella y la absorbemos, más que externarla. Estamos contenidos en el otro y los otros están en nosotros.

(The Goal of Life, Meditatio Series 2005 B)


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