Sabiduría Diaria 26.05.2017


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, LONDON, GB)

Siempre es fácil señalar con el dedo a los otros especialmente cuando todos los otros dedos también están acusando. Es necesario ver como los mismos defectos operan en nosotros. El perfeccionismo no sólo se aprende y se recoge de aquellos que nos ponen el ejemplo de aprendizaje en nuestra vida desde chicos. Es inherente a nuestra psique a través de la respuesta automática del ego para colocarse siempre en el primer lugar y verse como el centro de cada operación. En la terminología laica, el perfeccionismo corresponde al ‘éxito’. Nuestra cultura reconoce al éxito como la mejor prueba de valor y mérito. Lo que falla, lo que es imperfecto, debería ser rechazado y esta lógica despiadada y miope caracteriza mucho de nuestra cultura y ética moderna corporativa. ¿Significa esto que debemos coquetear perversamente con el fracaso? O como San Pablo preguntó ¿deberíamos pecar para recibir la gracia? Obviamente estas nimiedades fallan tremendamente en su percepción. El punto es que en realidad todos somos inherentemente imperfectos – llevamos la dukkha en nuestros huesos – y el éxito es un acontecimiento dulce que llega raramente y dura poco. Muchas veces no sabemos qué queremos en realidad y aun cuando obtenemos algo que pareciera que nos traerá la felicidad verdadera pronto nos damos cuenta que es sólo una parte de la plenitud que hemos estado buscando.

(Meditatio Newsletter 2009/04, Laurence Freeman)


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