Sabiduría Diaria


(FOTO: LAURENCE FREEMAN, BRASIL)

La soledad proporciona un sentimiento de aislamiento porque muchas veces nos parece que estamos siendo castigados, señalados por una falta desconocida que sólo nosotros hemos cometido. Se puede generar por una pérdida, traición, desilusión, edad o simplemente porque no nos hacen caso. En sus manifestaciones extremas es un infierno y puede hacer que algunas personas pierdan el control. El sentimiento de separación es terrible pues seguido sucede de repente – cuando todo lo que se daba por hecho lo encontramos fuera de centro, extraño o falso. Todos, en un cierto grado, experimentamos esto, aun los niños, cuando dolorosamente caen en la cuenta de que el mundo no es un lugar tan hospitalario como se les hizo creer. Nuestra respuesta a la soledad es negarla o evadirla. Incrementamos nuestras actividades o nuestras distracciones o buscamos algo a qué volvernos adictos. Para algunos, un momento de revelación sucede al darse cuenta que la mayoría de actividades en su vida son sólo un escape del miedo a la soledad. Cuando nos distraemos, la persona o la cosa que estamos usando se vuelve un instrumento. Y nos apegamos tanto, que aun cuando nos cansamos de ellos y buscamos una novedad, seguimos sintiendo que estamos unidos a ellos. Y entonces la diversión comienza y el diablo ­–el poder de la división y dualidad – aparece.

(Christian Meditation Newsletter, June 2010 Laurence Freeman OSB)


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